En la Península de Yucatán, los apagones son parte del paisaje cotidiano gracias a la “eficiencia” de la CFE. En lugar de series de suspenso, vivimos esperando si habrá luz o no.
¿Quién necesita estabilidad eléctrica cuando puedes vivir la adrenalina de un apagón sorpresa a media noche?
Mientras otros hablan de energías limpias y modernización, aquí rezamos para que no se reviente otro transformador viejo. Los municipios como Kanasín, Umán, Progreso y varios más, consideran festivales de velas y abanicos, ya que la única certeza es la ausencia de la CFE. La atención al cliente es un misterio, con respuestas automatizadas y luego silencio.
Gracias a la CFE, hemos aprendido a vivir con incertidumbre y a desconectar refrigeradores.
