Científicos de dos universidades de Estados Unidos publicaron una investigación en la cual sugieren que algunos genes neandertales transmitidos a los humanos, hace miles de años, podría ser una de las causas del Trastorno del Espectro Autista (TEA).
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) está presente en casi el 1% de todos los niños de México y algunos estudios lo atribuyen tanto a causas genéticas como ambientales. A nivel mundial la cifra es similar, ya que una de cada 100 personas lo padece.
Este trastorno se caracteriza, entre otras cosas, por la manera en la que se desarrolla el cerebro y, por consiguiente, por la forma en la que socializan e interactúan con la realidadquienes lo padecen
Entre los síntomas que predominan en las personas con TEA (aunque evidentemente cada persona es diferente y, por tanto, no toda la sintomatología se expresa de la misma forma ni con la misma intensidad) se encuentran la falta de contacto visual, el desarrollo tardío o ausencia del habla, la repetición de palabras o frases sin comprender cómo utilizarlas, la dificultad para reconocer señales no verbales y, en algunos casos, la presencia de una alta o baja sensibilidad a los estímulos ambientales como pueden ser sonidos, olores, texturas y sabores.
Además, a los autistas –la presencia del TEA, por alguna razón que actualmente se desconoce, se da más en hombres que en mujeres- se les denomina neurodivergentes.
Este término, el de la neurodivergencia, hace alusión a personas cuya red neuronal está configurada diferente (los neurotípicos son aquellos cuyas neuronas funcionan de manera “normal” y conforme a ciertos parámetros socialmente aceptados). No obstante, ¿es posible encasillar la diversidad humana en un solo concepto?
Todo apunta a que no debiera ser así debido al hecho de que la naturaleza humana es intrínsecamente compleja y variada (tiene matices y “tonos de grises”, no es ni blanca ni negra), de ahí que muchos miembros de la comunidad científica no acepten el término neurodivergencia para referirse a personas con TEA o con otros padecimientos mentales tales como la esquizofrenia o el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad(TDAH).
Todo esto viene a colación porque un grupo de investigadores de dos universidades estadounidenses, la Universidad Clemson y la Universidad Loyola, han sugerido en un estudio reciente publicado en la revista Molecular Psychiatry que, debido que el homo sapiens, en algún punto del tiempo, hace miles de años, tuvo contacto con una especie muy parecida a los humanos, conocida como homo neanderthalensis, esta última transmitió a nuestra especie variaciones genéticas relacionadas con el autismo
Para llegar a esta conclusión, el equipo, encabezado por la investigadora Rini Pauly, se dio a la tarea de analizar el ADN de 3,342 personas a quienes se les había diagnosticado TEA y a quienes no. Además, dicho análisis se realizó en personas negras no hispanas, blancos hispanos, y blancos no hispanos
El resultado mostró que la presencia de TEA era mayor en aquellos individuos de origen euroasiático. Ello se debe a que los neandertales habitaron Europa hace 400 mil años y se extinguieron hace unos 40,000 años. Por lo tanto, aquellos individuos con mayor presencia de genes euroasiáticos tienen una mayor predisposición a poseer genes neandertales (un 2% del total de sus genes).
Además, se ha podido determinar -gracias a estudios previos – que los seres humanos modernos, cuando emigraron fuera de África y comenzaron a establecerse en el continente europeo, tuvieron contacto con las poblaciones neandertales y procrearon hijos en conjunto. Esto llevo, paradójicamente, a la extinción del homo neanderthalensis.
Sin embargo, aunque desapareció, dicha especie dejó un legado genético en algunos humanos modernos. Tan es así que investigaciones anteriores han revelado que los genes neandertales dan forma a ciertas estructuras cerebralesy, dado que las personas con autismo poseen patrones neuronales similares entre sí, Rini Pauly y sus colegas no quisieron pasar por alto esta relación y, por consiguiente, se dieron a la tara de investigar de manera más profunda
Así, gracias a este estudio, pudieron identificar 25 polimorfismos específicos que afectan la expresión genética en el cerebro y que suelen ser más comunes en personas con autismo. De hecho, en algunos casos también estuvo implicada la epilepsia, una enfermedad que a veces va asociada con el TEA.
Los polimorfismos genéticos, por su parte, aluden a la variación genética. Dichas variaciones permiten que los organismos se adapten mejor a su entorno y, por lo tanto, que exista una mayor diversidad en la naturaleza.
