Hace apenas dos años se hablaba de profesionalismo, de preparación para los operadores, de mejores sueldos, mejores condiciones laborales, cursos constantes de manejo, educación vial y buen trato hacia las y los pasajeros. Todo eso es muy diferente a lo que vemos hoy: imágenes de unidades que circulan a exceso de velocidad, chóferes que se agarran a golpes, gente sin uniforme y un servicio que ha perdido el trato digno prometido.

Aquí cabe bien el dicho: “cuando la cabeza está mal, el cuerpo simplemente no funciona”. Y es que su director ha tenido un historial desastroso. En menos de un año esto ya se refleja en toda la Agencia de Transporte y, por ende, en la ciudad y el estado de Yucatán.
