En la prisión Supermax ADX Florence, en Colorado, Joaquín “El Chapo” Guzmán y James Sabatino, un conocido estafador estadounidense, han desarrollado una inusual relación de amistad.

Ambos están recluidos en una sección especial de máxima seguridad llamada “The Suites”, que consta de solo cuatro celdas, de las cuales en la práctica solo ocupan dos ellos. Debido al aislamiento extremo y a las estrictas reglas que impiden su comunicación directa, se comunican gritándose de una celda a otra, construyendo un lazo cercano y de confianza a lo largo de los años.
James Sabatino, además de ser un estafador con un amplio historial criminal, funge como traductor no oficial de El Chapo, quien no habla inglés y tiene dificultades para comunicarse con las autoridades del centro penitenciario que no dominan el español. Sabatino ha solicitado formalmente al tribunal que se les permita compartir tiempo en el área de recreo para preservar su salud mental, ya que actualmente solo coinciden en ocasiones para tomar el sol, pero no pueden juntarse o hablar cara a cara.
ADX Florence es una institución federal conocida por albergar presos considerados extremadamente peligrosos para la seguridad nacional, que requieren el control más estricto y aislamiento casi total. En este entorno, la relación entre El Chapo y Sabatino es sorprendente y poco común, dado que la convivencia entre internos es muy restringida y rara vez se forman vínculos amistosos dentro de esta prisión de máxima seguridad.
Este vínculo se ve también como un recurso para manejar el aislamiento extremo que ambos enfrentan, mostrando una faceta humana en un contexto carcelario muy duro y aislado. Sabatino, con su experiencia criminal y su rol de traductor, se ha convertido en el inesperado amigo y acompañante de uno de los narcotraficantes más famosos del mundo dentro de las paredes de ADX Florence
