
Una ola migratoria sin precedentes en Ceuta (y en menor medida en Melilla) se desató entre el jueves 30 y el viernes 31 de julio de 2026, cuando entre 50.000 y 60.000 personas, en su mayoría marroquíes jóvenes y varones, cruzaron de forma irregular la frontera hacia territorio español. El flujo masivo fue alimentado por mensajes falsos y desinformación en redes sociales que presentaban el cruce como “fácil” y aseguraban que España tendría que acoger a quien lograra entrar.
Días antes del aumento de llegadas circularon en TikTok, Instagram, Facebook, WhatsApp, Telegram y Discord publicaciones con mapas, videos y “guías” para alcanzar Ceuta y Melilla desde la zona de Castillejos (Marruecos). En redes surgieron grupos y etiquetas como #HaragaCeuta, #Hraga y #Ceuta, mientras algunos usuarios vendían incluso trajes de neopreno, aletas y otros equipos para el cruce, acompañados de videos de jóvenes celebrando su llegada a España.
El Ministerio del Interior español señaló que redes de trata de personas aprovecharon una interpretación engañosa de una sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio de 2026 para transmitir la idea de que “si entras a nado no te pueden devolver” y que España habría “abierto la frontera”. Esa narrativa se transformó en un bulo viral —“la puerta de Ceuta está abierta”, “hoy es el día”, “Tetuán, vamos”— que llevó a muchas personas a creer que podrían cruzar libremente y obtener asilo automáticamente.
El colapso en la ciudad autónoma (de unos 84.000 habitantes) obligó al despliegue de un amplio operativo de la Guardia Civil, Policía Nacional, Salvamento Marítimo y Cruz Roja. Según estimaciones oficiales, unas 49.000–50.000 entradas irregulares se registraron en menos de 24–48 horas; para el sábado, la mayoría ya había regresado a Marruecos, tras comprobar que no podrían avanzar fácilmente hacia la península.
La crisis dejó también un saldo trágico: el número de fallecidos en el intento de cruce ascendió a al menos 67 personas, entre ahogados y víctimas de avalanchas al tratar de cruzar el espigón del Tarajal, según confirmó el Ministerio del Interior. Fuentes de la Guardia Civil y medios locales elevaron en algunos momentos la cifra a 97 fallecidos en el año en esta ruta.
Desde Marruecos, autoridades señalaron que la movilización no fue “espontánea”, sino fruto de la explotación maliciosa del espacio digital y de la actividad de redes de trata, que reforzaron entre algunos migrantes la convicción de que era posible evitar el retorno inmediato.
