
El perro caramelo, ese lomito mestizo de pelaje miel que parece salir de cada esquina y patio de México, ya tiene un lugar oficial en la historia canina del país. La Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México (PROPAEM) lo incluyó en su lista de razas mexicanas representativas, junto al Xoloitzcuintli, el Chihuahua y otros perros con arraigo nacional.
Más allá de un rótulo técnico, el reconocimiento busca visibilizar a los perros mestizos, que forman parte de millones de hogares y calles, pero muchas veces son ignorados frente a los ejemplares de raza pura. El caramelo no es un estándar de pedigree, sino el resultado de décadas de cruces en la vida cotidiana; su inclusión responde a una lectura cultural que lo convierte en emblema del perro popular mexicano.
Entre los objetivos del anuncio está cambiar la percepción social sobre los perros de la calle y de patio, promoviendo la idea de que un buen compañero no depende de su origen de exposición, sino de la responsabilidad y el cariño de su familia. La medida también busca impulsar la adopción responsable y reforzar la presencia de estos animales en la narrativa ambiental y cultural del país.
En plena era de conciencia animal, el perro caramelo deja de ser solo un apodo de la calle para convertirse en un personaje que, literalmente, ya tiene nombre en los documentos oficiales.
