
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, confirmó que Irán participará en el Mundial 2026 y que todos sus partidos de la fase de grupos se disputarán en sedes de Estados Unidos, respetando el calendario definido en el sorteo original del torneo. La decisión abre un capítulo delicado en el entramado político y deportivo internacional, donde el fútbol se entrelaza con tensiones diplomáticas entre Irán y Estados Unidos, así como con la compleja relación de Teherán con el gobierno de Donald Trump.
Irán y Estados Unidos mantienen una relación tensa desde hace décadas, marcada por sanciones, disputas nucleares y choques diplomáticos. La presencia de una selección iraní en estadios de Estados Unidos suma un componente simbólico a la competencia, ya que el Mundial se convierte en un escenario donde el deporte se ve obligado a convivir con la política. En el plano interno, el gobierno de Teherán enfrenta presión social y económica, lo que hace que el Mundial represente, para muchos, una oportunidad de visibilidad y de proyectar una imagen de normalidad frente al exterior.
Infantino insistió en que no hay “plan B” para excluir a Irán del Mundial y que la selección persa llegó al torneo por méritos deportivos, tras superar el exigente proceso de clasificación asiática. La FIFA ha tratado de mantener el Mundial lejos de controversias políticas, pero esta situación ha sacudido la narrativa del torneo, ya que Meanwhile, se ha generado debate sobre la presencia de Irán en el certamen, con críticas y debates internacionales sobre la decisión de la FIFA.
Irán debutará ante Nueva Zelanda en el Estadio SoFi de Inglewood, California, uno de los recintos más modernos del país. El partido contra Bélgica también se disputará en Inglewood, antes de concluir la fase de grupos frente a Egipto en el Lumen Field de Seattle, Washington. La elección de sedes en Estados Unidos refuerza la idea de que el Mundial 2026 será un torneo que busca consolidar al país como una potencia futbolística global, más allá de su rivalidad política con Irán.
La confirmación de Infantino deja claro que el Mundial 2026 será un escenario donde el deporte y la política se cruzarán de forma inevitable. La participación de Irán en sedes de Estados Unidos no solo será un reto logístico, sino también un símbolo de cómo el fútbol puede desafiar las barricadas políticas, aunque no las elimine.
