Un potente sismo de magnitud 6.0 sacudió el este de Afganistán el pasado domingo por la noche, dejando una tragedia de enormes proporciones. Hasta ahora, las autoridades han reportado más de 2,200 decesos y cerca de 4,000 heridos, siendo la provincia de Kunar, cerca de la frontera con Pakistán, la más afectada.
El temblor, con un epicentro a tan solo 8 kilómetros de profundidad, provocó una destrucción generalizada en aldeas aisladas construidas principalmente con adobe, que colapsaron derrumbando hogares y atrapando a muchos bajo los escombros. En distritos como Nurgal y Wadir, se cree que hasta el 90% de los habitantes han perdido la vida o resultado heridos.
Las labores de rescate continúan, pero las condiciones son extremas: carreteras bloqueadas, réplicas frecuentes y lluvias intensas han complicado el acceso a las zonas afectadas. A pesar de ello, el gobierno talibán y organizaciones humanitarias trabajan contra reloj para brindar ayuda urgente, refugio y atención médica a los sobrevivientes.
Este jueves se registró un nuevo sismo de magnitud 4.7 aproximadamente 40 kilómetros al noroeste de Jalalabad, que aunque menor, genera temor entre la población ya devastada.
La comunidad internacional ha comenzado a movilizar asistencia humanitaria para responder a esta crisis que golpea a un país ya vulnerable, enfrentando la dura realidad de la pérdida masiva de vidas y la destrucción de comunidades enteras.
